jueves, 24 de mayo de 2012

Lo Prohibido

Cada vez que lo veo siento cosquillas abajo del ombligo. 
Está prohibido. Está bien romper de vez en cuando alguna regla personal pero cuando con una persona se rompen varias, está prohibido. 
No es la primera vez que lo imagino sobre mí, que dibujo sus besos a mi manera y los hago mis favoritos. Presiento que él también lo ha pensado y eso hace más difícil mi tarea de acabar con el deseo.

La sabiduría popular dice que la mejor manera de derrotar la tentación es cayendo en ella; la sabiduría popular evidentemente no contempla las consecuencias de ningún acto. ¿Cuáles pueden ser la consecuencias, en todo caso? Ninguna, si me aseguro de que él no hable. 
Los caballeros no tienen memoria, también divulga aquella sabiduría. ¿Cómo comprobar que es un caballero sin darle algo que recordar primero?

Odio las decisiones sexuales que me obligan a pensar. Me gusta cuando las cosas se dan con naturalidad, cuando solo pasan. Quisiera tenderle una trampa y encerrarlo en un cuarto a prueba de recuerdos y besarlo sin darle ninguna explicación, besarlo hasta el último rincón.

- ¿Qué haces? 
- ¿Qué crees? Mejor no hagas preguntas antes de que me arrepienta.

Ni se imagina que no me arrepentiría. Cada poro en mi cuerpo respiraría su aroma que por cierto me enloquece. Lo he tenido tan cerca como para reconocer su olor entre miles, como reconozco el de cualquier otro hombre con el que he estado.

No me ha susurrado al oído que le haga el amor como para tener claro el tono de su voz en mi cabeza, pero me ha rozado la espalda por encima de la ropa cuando me saluda y eso me ha hecho reinventar su toque mientras me masturbo pensando en él.

Sólo viven dentro de mí las ganas de que no me olvide.

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