jueves, 24 de mayo de 2012

Lo Prohibido

Cada vez que lo veo siento cosquillas abajo del ombligo. 
Está prohibido. Está bien romper de vez en cuando alguna regla personal pero cuando con una persona se rompen varias, está prohibido. 
No es la primera vez que lo imagino sobre mí, que dibujo sus besos a mi manera y los hago mis favoritos. Presiento que él también lo ha pensado y eso hace más difícil mi tarea de acabar con el deseo.

La sabiduría popular dice que la mejor manera de derrotar la tentación es cayendo en ella; la sabiduría popular evidentemente no contempla las consecuencias de ningún acto. ¿Cuáles pueden ser la consecuencias, en todo caso? Ninguna, si me aseguro de que él no hable. 
Los caballeros no tienen memoria, también divulga aquella sabiduría. ¿Cómo comprobar que es un caballero sin darle algo que recordar primero?

Odio las decisiones sexuales que me obligan a pensar. Me gusta cuando las cosas se dan con naturalidad, cuando solo pasan. Quisiera tenderle una trampa y encerrarlo en un cuarto a prueba de recuerdos y besarlo sin darle ninguna explicación, besarlo hasta el último rincón.

- ¿Qué haces? 
- ¿Qué crees? Mejor no hagas preguntas antes de que me arrepienta.

Ni se imagina que no me arrepentiría. Cada poro en mi cuerpo respiraría su aroma que por cierto me enloquece. Lo he tenido tan cerca como para reconocer su olor entre miles, como reconozco el de cualquier otro hombre con el que he estado.

No me ha susurrado al oído que le haga el amor como para tener claro el tono de su voz en mi cabeza, pero me ha rozado la espalda por encima de la ropa cuando me saluda y eso me ha hecho reinventar su toque mientras me masturbo pensando en él.

Sólo viven dentro de mí las ganas de que no me olvide.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Cuando dejó de ser solo sexo...

La moral es una cuestión subjetiva, significa una cosa diferente para cada quién. Yo tengo mis propias leyes, mis propias normas que edifican mi moral y, por supuesto, hay unas (la gran mayoría) que hacen referencia o aplican directamente al sexo. Una de ellas es no hacer de mi fuck buddy mi amigo.
En algún momento de mi vida olvidé esta premisa fundamental, o más bien, en vez de olvidarla, la omití cuando mi razón todavía tenía voz y voto.
La experiencia, eso sí, me sirvió para recordar que si quiero algo (sexualmente hablando) debo conseguirlo, disfrutarlo y dejarlo, jamás presentarle a mis amigos.
Lo hice, fui en contra de mi premisa fundamental y me recordó por qué es que no debe hacerse. Le agradezco a una de mis grandes amigas por aclararme el proceso químico que hace que esto sea un error y grave: el sexo produce endorfinas, las endorfinas generan una sensación de felicidad; el sexo se asocia entonces con felicidad y el silogismo allí es básico: si el sexo con esa persona me hace feliz, entonces esa persona me hace feliz y quiero ser feliz el mayor tiempo posible, por lo tanto, esa persona es mía. Es fácil: sexo = endorfinas = felicidad = esa persona me hace feliz = quiero a esa persona siempre conmigo = soy una celosa maniática.
Esa es la razón por la cual cada individuo debería tener UNA SOLA función social: o fuck buddy o amigo. Cuando aquella persona que se involucra contigo únicamente en tu esfera privada empieza involucrarse también en tu esfera pública, no tienes el tiempo ni el espacio de dejar que esas endorfinas fluyan lejos de él y allí se desata el caos.
Hacerlo parte de mi esfera social quiso decir presentarle a mis amigos, más precisamente a mis amigas. No puedes evitar las altas posibilidades de que así como se acostó contigo (así como se acostó conmigo) quiera acostarse con cualquiera de tus amigas…y te arden las víceras, te hierve la sangre, como me llegó a hervir a mí.
Y es que uno de mis cimientos morales consiste en que mi sistema endocrino falla por completo cuando aquel hombre se ha interesado por una mujer que yo conozco y qué decir de una mujer que es mi amiga. No puedo, FÍSICAMENTE NO PUEDO, acostarme con alguien que ha estado -en cualquier base - con una mujer que conozco.
Perdí, hormonalmente, la posibilidad de acostarme contigo cuando te interesaste en otra mujer que yo conozco, sobre todo cuando fui yo la que - de un modo y otro - te la presenté.


Así fue cuando el sexo dejó de serlo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Carta a todas tus catástrofes


La manera en que nos conocimos fue la más bizarra de todas; si bizarra es que se le puede llamar a una situación como la nuestra y es que jamás pensé llegar a algo así contigo. Tantas fueron las cosas que vivimos a pesar de la distancia, lo de nosotros no tenia nombre, era más allá de una amistad sin la formalidad de un noviazgo.
Un sueño, eso es lo que fue y no por ser imposible si no por ser increíble, de ese sueño desperté y me di cuenta que ya no estabas, te busque, te encontré pero no precisamente para que te quedaras si no para decirme que ya no hay otra oportunidad… que ingenua al creer que todo lo que en el sueño vi lo volvería a ver… todo se ha ido, no volverá y entre todo eso estas tu.
Después de tantos meses, tantas lágrimas, tantos esfuerzos; es momento de ponerle “FIN” a esta historia, cerrar el libro y que se quede solo en el recuerdo. Se terminaron las hojas, se termino la tinta, se terminaron las energías para seguir escribiendo.
Tengo miedo de aceptarlo pero contigo aprendí lo mucho que se puede llegar a querer a alguien sin sobrepasar la palabra “amar”, aprendí que cientos de kilómetros nunca nos separarían, aprendí bien aquella frase que dice “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, aprendí a quitarle importancia a cosas tontas… así como aprendí tanto contigo es hora de aprender a aceptar que ya nada volverá a ser como antes, que ya no estás y que ya no hay otra oportunidad.
Te quiero demasiado y el dejarte ir en este momento es algo realmente muy difícil, pero sé que  siempre recordare todo esto con una sonrisa. Por que fuiste mas haya que algo de moda en mi vida, mas haya que una simple “emoción” fuiste mi mejor amigo, mi complemento, mi alma gemela, mi maestro, “mi amor”. Es por todo esto que hoy te libero, rompo todo lo que me amarra a ti, simplemente porque ya no puedo, no es sano de mi parte arrastrarte conmigo, o más bien arrastrarme hacia ti por toda una eternidad.
Te guardaré tan hondo que creeré haberte olvidado.